Isabel Ferreiro
“¿Qué va a pasar en el mundo y, por tanto, a cada uno de nosotros dentro de un año? No lo sabemos. El porvenir es, por definición, lo inseguro. Y como para el hombre, según acabo de decir, vivir es originariamente vivir o estar en el porvenir, la raíz de la existencia humana es la conciencia de inseguridad. Por esto, me parece tan bello el lema desafiante y un poco bravucón de aquel caballero borgoñón del siglo XV, que dice: «Rien ne m’est sûr que la chose incertaine», «Nur das ist mir sicher, das Unsichere», [«Sólo me es segura la inseguridad»]. Bella palabra de guerrero que se siente feliz en el puro azar que es la batalla”.
El hombre tiene la “dolorida conciencia de que lo mismo puede pasarnos mañana una cosa que otra”. “La condición del hombre es incertidumbre sustancial”: no saber qué va a ser de él al instante siguiente.
Ortega, siempre llevándonos a aceptar la circunstancia para salvarnos, hoy nos lleva a poner los pies en la tierra, aunque ello suponga poner bien los pies en la inseguridad. Y es que, “dondequiera que el hombre pone su planta, pisa siempre cien senderos. La vida es permanente encrucijada y constante perplejidad sobre el camino que tomaremos“. Además, de que “no hay adquisición humana que sea firme”.
Por tanto, asumir la incertidumbre es condición para salvarse. Así, ve Ortega que “todo lo que el hombre ha creado de valioso surgió inspirado por su inseguridad“, desde su terreno verdadero: lo incierto. “La suerte de la cultura, el destino del hombre, depende de que en el fondo de nuestro ser mantengamos siempre vivaz esta dramática conciencia y, como un contrapunto murmurante en nuestras entrañas, sintamos bien que sólo nos es segura la inseguridad”.
“Esta conciencia de radical perdición o perdimiento es preciso que esté viva en todos nosotros y que no intentemos cegarnos cobardemente para no verla porque sólo esa desesperada impresión de perdimiento puede suscitar en nosotros la reacción salvadora”.
“La vida es nuestra reacción a la inseguridad radical que constituye su sustancia. Por eso es sumamente grave para el hombre encontrarse excesivamente rodeado de aparentes seguridades. La conciencia de la seguridad mata a la vida“. Y es que si “todo lo valioso que el hombre ha hecho lo ha hecho porque se ha sentido perdido y, como sin remedio”; viceversa: “todas sus desgracias y desastres vinieron siempre de que un día se creyó demasiado seguro”.
Pero “de ordinario rehuimos palpar esa pulsación pavorosa que hace de cada instante sincero un menudo corazón transeúnte; nos esforzamos por cobrar seguridad e insensibilizarnos para el dramatismo radical de nuestro destino, vertiendo sobre él la costumbre, el uso, el tópico —todos los cloroformos”.
“Diez siglos de continuidad cultural traen consigo, entre no pocas ventajas, el gran inconveniente de que el hombre se cree seguro, pierde la emoción del naufragio y su cultura se va cargando de obra parasitaria y linfática. Por esto tiene que sobrevenir alguna discontinuidad que renueve en el hombre la sensación de perdimiento, sustancia de su vida. Es preciso que fallen en torno de él todos los instrumentos flotadores, que no encuentre nada a que agarrarse. Entonces sus brazos volverán a agitarse salvadoramente. La conciencia de naufragio, al ser la verdad de la vida, es ya la salvación. Por eso yo no creo más que en los pensamientos de los náufragos”. “Jesús lo decía divinamente: «sólo el que se pierde se encontrará»”. “El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad”.
Hoy, esta conciencia de inseguridad, tal como Ortega la expone, es adoptada como estrategia. Tras la caída del muro de Berlín, se le ocurre a la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos llamar al mundo nuevo “VUCA world”: volátil, incierto, complejo y ambiguo. Mentalidad que ha pasado al ámbito empresarial y a la psicología. Tener en cuenta el cambio constante, la incertidumbre, y complejidad de cuanto sucede; así como ser flexible, adaptarse con rapidez a lo inesperado, y aprovechar lo adverso es la cualidad de moda llamada resiliencia.
“Es, pues, benéfico que (…) nos sorprendamos con la conciencia de no saber lo que va a pasar mañana”. Aceptar la inseguridad es vivir en coherencia y es salvarnos: estar ciertos en lo incierto.
Textos citados: Introducción al presente (1928); La rebelión de las masas (1930); Goethe desde dentro (1932); Ensimismamiento y alteración (1939); El hombre y la gente [Curso de 1939-1940]; La razón histórica [Curso de 1944]; “Goethe sin Weimar” (1949); [Segunda conferencia sobre Goethe en Aspen] (1950]; “El estímulo de la inseguridad” (1951).

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