¿Qué importa si no se cumple? Lo decisivo es que la promesa de mañana dé brío a nuestras horas de hoy

Isabel Ferreiro

“¿No es éste el supremo acierto: lograr que la vida se nos presente como un árbol cuajado de promesas maduras? ¿Qué importa si no se cumplen? Lo decisivo es que la promesa de mañana dé brío a nuestras horas de hoy“.

“¡Creer que va a acontecer, que puede acontecer algo inmenso en torno nuestro… he ahí la emoción que yo deseo más para los que amo más!”.

Aprender a vivir en ese estado de gozosa expectativa, con plena confianza en lo invisible es lo que llena el momento presente y sintoniza con lo bueno por llegar.

Pero parece que hemos creído lo contrario: que cuando llegue el trabajo fabuloso, la pareja maravillosa, y la casa soñada seremos finalmente felices. Ortega ve, sin embargo, que la corriente de la felicidad fluye “hacia atrás, hacia su propio manantial“, que es primero mi propio estado de ánimo, y luego cuanto acaece.

El tono vital y su nivel son lo decisivo“, nos dijo el otro día; y hoy lo vuelve a decir concretándolo más. Desde luego, pasear por la naturaleza, hacer ejercicio físico o cuidar la alimentación ayudan a elevar el tono vital; pero a ello es preciso sumar lo decisivo: un tono vital alto, el brío que da la confianza en lo extraordinario por venir.

“Lo que se hace hay que hacerlo bien y no preocuparse de más”. Por lo que, una vez hecho lo mejor que se ha podido, no hay que hacer más que habitar en la confianza. Y es que, si la tranquilidad viene de saber que hice lo que me pertenecía —lo cual ya no es poco—; la realización material del logro o resultado —esto es: lo que no me pertenece— viene de vivir con la alegría de que está en camino.

“¡Quédense ahí mis dudas, mis cuidados! ¡Yo me voy con la marea sin hogar (…)!” —cita Ortega a Tagore.

Hace falta que veamos las cosas —las circunstancias— como mensajeras de próximas anunciaciones, “más allá de lo que cada una es en realidad”, como si irradiaran “cierto halo imaginario, y como luminosa palpitación”, de lo que van a ser. Las raíces bajo tierra que sostienen al gran árbol, la fermentación del pan gracias a la labor invisible de la levadura, la reparación celular durante el sueño, el secado y endurecimiento del cemento, son ejemplos que sirven de metáfora de que todo acontecer conlleva un proceso silencioso, invisible, aparentemente inexistente.

Además, ciertamente, “todo fluye —no bajamos dos veces al mismo río. Lo real es, en verdad, como un torrente que pasa y pasa sin cesar, no como una permanencia. La estabilidad, lo permanente e idéntico es ilusión óptica de un momento”. Todo está yendo a otra cosa. Por lo que tiene sentido intuir, prever y confiar en lo que no se ve.

¿Por qué padecer por lo que no está todavía a la vista, como tanto hacemos, en vez de celebrar su próxima llegada?

“«He cantado muchos cantos en muchos modos ; pero todas sus notas siempre claman: Ya viene, ya viene para siempre»” —vuelve a citar a Tagore.

“Es mi delicia aguardar espiando en la linde del camino, donde la sombra persigue a la luz y la lluvia avanza sobre las huellas del estío. Mensajeros, con nuevas de otros cielos, me saludan y se apresuran a lo largo del camino. Mi corazón exulta dentro de mí y es dulce el aliento de la brisa que pasa. Del alba al crepúsculo, permanezco ante mi puerta. Sé que de pronto llegará el momento venturoso en que podré ver. Y entretanto sonrío y canto, en plena soledad. Y entretanto el aire se satura con el perfume de la promesa”.

Este estado de feliz expectativa lo describe David Hawkins como un estado de mayor conciencia, en el que “el universo se percibe como benevolente y lleno de posibilidades infinitas”; y cuyo elevado nivel de vibración hace que la realidad se manifieste de forma expansiva y natural.

“Y por eso Buda hace de la sed la substancia del mundo. «La sed, la sed, el deseo nos hace vivir y revivir: (…)»”; ese “anhelo incorpóreo, esa extraña potencia del espíritu”, que nos pone en movimiento, anima, y “nos hace fluir hacia lo que aún no es“, pero que, como fermento secreto y romántico, “hierve bajo la corteza visible del mundo“.

Textos citados: “Estafeta romántica. Un poeta indo” (1918); Introducción al presente (1928); La razón histórica [Curso de 1940].


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