Isabel Ferreiro
“¿No es éste el supremo acierto: lograr que la vida se nos presente como un árbol cuajado de promesas maduras? ¿Qué importa si no se cumplen? Lo decisivo es que la promesa de mañana dé brío a nuestras horas de hoy“.
“Por eso Buda hace de la sed la substancia del mundo. «La sed, la sed, el deseo nos hace vivir y revivir: (…)»”; ese “anhelo incorpóreo, esa extraña potencia del espíritu”, que nos pone en movimiento, anima, y “nos hace fluir hacia lo que aún no es“, pero que, como fermento secreto y romántico, “hierve bajo la corteza visible del mundo“.
Las raíces bajo tierra que sostienen al gran árbol, la fermentación del pan gracias a la labor invisible de la levadura, la reparación celular durante el sueño, el secado y endurecimiento del cemento, son ejemplos que muestran que todo acontecer conlleva un proceso silencioso, invisible, aparentemente inexistente. Hace falta, pues, que veamos las cosas —las circunstancias— “más allá de lo que cada una es en realidad”; como mensajeras de próximas anunciaciones, que irradian “cierto halo imaginario y como luminosa palpitación” y “sean mensajeras de anunciaciones” de lo que seguidamente va a ser. Pues, “si las cosas no son más que lo que son (…), no se dispararán nuestros afanes”.
Ciertamente “todo fluye —no bajamos dos veces al mismo río. Lo real es, en verdad, como un torrente que pasa y pasa sin cesar, no como una permanencia. La estabilidad, lo permanente e idéntico es ilusión óptica de un momento”.
Todo está yendo a otra cosa. Por lo que tiene sentido intuir, prever y confiar en lo que cada uno anticipa o imagina y, con más motivo, referido a la propia vida, que no es sino “una obra de imaginación”.
Y respecto a lo que a uno le pertenece “hay que hacerlo bien y no preocuparse de más”; esto es, no interferir en lo que no me pertenece: la realización, logro o resultado. De modo que hecho o decidida nuestra parte, no hay que hacer más que vivir tranquilo con la confianza de su próximo devenir, que es lo que facilita que la vida se manifieste de forma expansiva y natural. Y “¡Quédense ahí mis dudas, mis cuidados! ¡Yo me voy con la marea sin hogar!” —como cita Ortega a Tagore.
Aprender a vivir en ese estado de gozosa expectativa, con plena confianza, pese a que lo por llegar sea ahora imperceptible para los ojos, llena el momento presente con plenitud avanzada, hace que el mundo se perciba como algo benevolente lleno de posibilidades, y sintoniza de antemano con el grandioso porvenir.
Sin embargo, parece todo confabulado para que vivamos a la inversa: creyendo que cuando llegue el trabajo fabuloso, la pareja maravillosa, y la casa soñada seremos finalmente felices; y nos pasemos la vida esperando que se cubra una supuesta falta y otra y otra. Pero la corriente de la felicidad fluye “hacia atrás, hacia su propio manantial“, esto es, que primero es la fuente: mi propio estado de ánimo y, luego, cuanto acaece, como por añadidura.
Pues, como vimos otro domingo, “el tono vital y su nivel son lo decisivo“. Y vemos hoy que ese brío o tono nos lo da la promesa de mañana hacia la que nos dirigimos. Desde luego que pasear por la naturaleza, hacer ejercicio físico, cultivar el autocuidado ayudan a estar en forma vitalmente; pero es decisivo añadir la confianza en lo extraordinario por venir.
“«He cantado muchos cantos en muchos modos ; pero todas sus notas siempre claman: Ya viene, ya viene para siempre»” —vuelve Ortega a citar a Tagore:
“Es mi delicia aguardar espiando en la linde del camino, donde la sombra persigue a la luz y la lluvia avanza sobre las huellas del estío. Mensajeros, con nuevas de otros cielos, me saludan y se apresuran a lo largo del camino. Mi corazón exulta dentro de mí y es dulce el aliento de la brisa que pasa. Del alba al crepúsculo, permanezco ante mi puerta. Sé que de pronto llegará el momento venturoso en que podré ver. Y entretanto sonrío y canto, en plena soledad. Y entretanto el aire se satura con el perfume de la promesa”.
“¡Creer que va a acontecer, que puede acontecer algo inmenso en torno nuestro… he ahí la emoción que yo deseo más para los que amo más!”.
Textos citados: “Estafeta romántica. Un poeta indo” (1918); Introducción al presente (1928); “En nombre de la Nación, claridad” (1933); Ensimismamiento y alteración (1939); La razón histórica [Curso de 1940].

Deja una respuesta