Las dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son, precisamente, lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades

Isabel Ferreiro

Las dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son, precisamente, lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades“.

Claro es que si la circunstancia no ofreciera sino puras dificultades, y el hombre no encontrase facilidad alguna, no podría alojarse en el mundo “ni una fracción de segundo. Eso que llamamos vida humana no existiría”. Mi vida consiste, pues, en vivir yo en un mundo, que es un sistema de facilidades y dificultades. “Porque el Mundo no es sólo piélago en que me ahogo sino también playa a que arribo. En suma, el Mundo como resistencia a mí, me revela el Mundo como «asistencia»”.

Apenas hay cosas en el mundo que no sean en potencia lo uno o lo otro. La tierra nos sostiene con su solidez y nos permite tendernos para descansar. Pero la tierra a veces se empina y es también “una cuesta penosa que hay que subir”.

Igualmente, un mundo “constituido por puras facilidades no nos sería mundo —sería un Paraíso. El Paraíso es un contorno que realiza todos los deseos, que no hace la menor oposición —por tanto, en rigor no es un contorno, es indiscernible de quien en él viva”; “no podría sentir el mundo como algo distinto”, puesto que no “ofrecería resistencia. Andar por el mundo sería igual que andar por dentro de sí mismo”.

Y es que “si mi cuerpo no me pesase, yo no podría andar. Si la atmósfera no me oprimiese, sentiría mi cuerpo como una cosa vaga, fofa, fantasmática”. Así, Dios “no encuentra ninguna resistencia ni nada se le opone”; “no tiene fronteras, no tiene límites, es i-limitado o infinito. Para Dios vivir es flotar en sí mismo —sin nada ni nadie delante y contra él”. “Dios no tiene un mundo”

El mundo en que es arrojado a vivir el hombre “es el verdadero mundo porque se compone de resistencias”. Pero, “como encuentra facilidades en qué apoyarse, resulta que le es posible existir con las dificultades que constantemente le estorban, niegan y ponen en peligro. “De aquí que la existencia del hombre, su estar en el mundo, no sea un pasivo estar, sino que tenga, a la fuerza y constantemente, que luchar contra las dificultades“.

Por lo que, “siendo la condición humana en todo momento limitada, finita y, por tanto, constituida últimamente por negatividades, son éstas en lo que tenemos que apoyarnos puesto que son lo que sustancialmente somos, y, en consecuencia, que necesitamos verlas como positividades. Otra cosa sería no mejorar la vida sino, al contrario, vaciarla de lo que limitado y finito, al fin y al cabo, posee”.

Así, en vez de pretender que mágicamente desaparezcan las dificultades, como hacen los utopistas, debemos reconocerlas, subrayarlas, apoyarnos en ellas, “como el pájaro se apoya para volar en la resistencia negativa del aire“, haciendo de esta resistencia del aire punto de apoyo para la sustentación y el avance; “e ingeniárnoslas para aprovechar este destino y hacerlo sabroso y fértil”.

El ánimo se habitúa a esta “resistencia que suele ofrecer la realidad a nuestros deseos y a contar siempre con las complejidades y claro-oscuros de la vida”. De hecho, “en el secreto fondo de sí mismo, el hombre cuenta siempre con esa resistencia del mundo a él”. Y es que “el conjunto de condiciones que integran el presente no es, por tanto, una desdicha, sino una delicia: es la delicia que siente el cincel al encontrar la resistencia del mármol”. “Con lo cual, en vez de derramar llanto sobre nuestras limitaciones, debemos utilizarlas como saltos de agua para nuestro beneficio.

“La cultura ha sido siempre aprovechamiento de inconvenientes”. Hay que partir, pues, “de lo que encontramos ante nosotros, sea lo que sea, mejor o peor, e inducirlo a que por sí mismo se regule y transforme”. Pues “la gracia de la vida está precisamente no en que el destino sea favorable o adverso, ya que siempre es destino, sino en la gentileza con que le salgamos al paso, y de su materia fatal labremos una figura noble”.

Náufrago, anhelo la ventura que es la «resistencia» de la tierra firme“, porque sólo lo que resiste sostiene.

Textos citados: La rebelión de las masas (1930); Ensimismamiento y alteración (1939); El hombre y la gente [Curso de 1949–1950];


Otras Entradas


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *