Isabel Ferreiro
“La vida es siempre un «ahora»; nostalgia y utopía son fugas del «ahora»“. “Que no me explique yo demasiado mal. Sentir nostalgias y utopizar son dos cosas perfectamente lícitas en que se manifiesta una vitalidad poderosa. Lo que importa es que nuestra actitud vital no dependa de ellas, que no se viva ni de ellas ni para ellas, porque entonces son síntomas de debilidad”.
“El yo es siempre presente. (…) Nuestro yo de hace un instante, ése que fuimos, ni es ya ni es yo”. “El hecho de que sea nuestro pasado la cosa del universo más próxima a nuestro yo no debe inducirnos a confundirlo con éste”. “Por tanto, el mundo físico sólo existe en cuanto presente, sólo lo que tiene de presente es realidad“. “Su pasado en absoluto no es ya”.
“El ser del Espíritu no consiste, como el de la piedra, en «estar ahí», sino, por el contrario, en «estar en sí y sobre sí»”. Por eso, “cuando nuestro yo consigue en buena parte encajarse en la circunstancia (…), sentimos un bienestar que está más allá de todos los placeres particulares, una delicia tan íntegra, tan amplia que no tiene figura y que es lo que denominamos felicidad”.
“La felicidad es la coincidencia de nuestro yo con las circunstancias. Instante tras instante, la vida humana registra, como en un balance, el debe y el haber de la coincidencia”.
Así, si prescindimos de “la ilustre aritmética”, del recuento de años, de lo que pudo ser y de lo que puede ser y, en cambio, “decimos simple y llanamente: «ahora», vemos que este trivial vocablo «ahora» se llama punto de realidad, se llena hasta los bordes, se llena con cuanto en este instante estamos haciendo y somos”.
El poder del ahora, lo llama con éxito en nuestros días Eckhart Tolle. Habitar el presente, lo que ahora es, con todo mi ser, aunque a veces resulte doloroso o estresante, es el secreto más antiguo, pero que sigue siendo revolucionario y hasta desconocido; porque nuestra mente tiende a llevarnos del pasado al futuro, y vuelta, sin pasar por el presente, que es donde se trasciende todo.
“El «ahora» incluye nada menos que el universo, nuestro universo, el de cada cual, nuestra realidad actual íntegra y, por tanto y ante todo, nuestro propio ser. Es más: entre el «ahora» y nosotros no hay diferencia. Nosotros con todo lo nuestro somos el «ahora» porque somos lo que ahora es. El «ahora» es nuestro, nos pertenece en el mismo sentido estricto en que cada cual se pertenece a sí mismo”. Por ello, emplear el presente en lamentar lo pasado o en ensoñar o temer el futuro, nos vacía, perdemos nuestro poder, nos hace deambulear como zombis; porque el presente es el único lugar donde coincide el yo con la vida.
“Carpe diem.— Ten firme el día de hoy; emenda bien estas veinticuatro horas que son tuyas. La alegría tiene sus fueros como el dolor: entrégate a ella con la frente osada y el ánimo bravo. Líbrate del peso del ayer: ayer es un muerto. Hay hombres que viven aferrados a la memoria del pasado y se les pudre el corazón. Carpe diem... Lector: si conoces a Rosina procura ganarte el albedrío y cásate con ella”.
Hoy 18 de octubre, día en que se cumplen setenta años del fallecimiento de Ortega, eso le deseamos sus lectores, un eterno Carpe diem en paz, allí donde esté, con la satisfacción de haber llenado hasta los bordes su vida y su obra.
Textos citados: “Divagación sobre El barbero de Sevilla” (1904); Introducción al presente (1928); “Revés de almanaque” (1930), en El Espectador VIII; Ideas y creencias (1940); Sobre la leyenda de Goya (1946); Sobre una nueva interpretación de la historia universal. Exposición y examen de la obra de Arnold J. Toynbee: «A study of history» (1948);

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