Isabel Ferreiro
Dado que el hombre no está sujeto a un ser “fijado de una vez para siempre”, como le pasa “al astro o a la piedra” sino que “necesita elegirse él su propio ser”. Porque la “existencia que le es dada no le es dada hecha”, sino que “tiene que hacérsela él”; tiene también que “irla decidiendo instante tras instante”.
Y, así, precisamente “por no estar adscrito a una consistencia fija e inmutable —a una «naturaleza»—, está en franquía para ser, por lo menos para intentar ser, lo que quiera”.
“Esto quiere decir que nuestra vida es, por lo pronto, una fantasía, una obra de imaginación”. “Parecerá extraño, pero es la pura y simplicísima verdad: vivir es una obra de imaginación“. Lo cual “casi nos forzaría a afirmar que la vida humana es un género literario, puesto que es, primero y ante todo, faena poética, de fantasía“. “Sin esa intervención del poder poético, es decir, fantástico, el hombre es imposible”.
Y ¿cómo elegirá el hombre su vida? “Evidentemente porque se representará en su fantasía muchos tipos de vida posibles y al tenerlos delante notará que alguno o algunos de ellos le atraen más, tiran de él, le reclaman o llaman”.
Pero no se trata de elegir entre las «carreras» o «profesiones»: “carriles de existencia que existen ya notorios, definidos, regulados en la sociedad” —”las cuales, entre otras cosas, dejan fuera muchos órdenes de la vida sin predeterminar” que nos importan, a la vez que “incluyen cosas que no nos interesan” pues, “por ejemplo, el ser médico no implica si se va el hombre a casar o no”—; y que, por tanto, “no coinciden nunca exactamente con lo que tiene que ser nuestra vida”.
Se trata de elegir “la carrera de la vida (…) la de cada cual, por tanto, una línea o perfil individualísimo de existencia”. Porque “la vocación estricta del hombre es vocación para una vida concretísima, individualísima e integral“.
“Pero el hombre al imaginar su vida entera hace que ésta gravite sobre el paso singular que ahora va a dar“. “Mas como es sabido, la imaginación es el reverso de la memoria. Desarticula el material de imágenes recibidas y lo articula en combinación con las percepciones o imágenes presentes. De aquí que cuando se tiene poca memoria no se puede tener mucha imaginación”. Y es que, “cuando el hombre imagina lo que va a venir, la nueva situación que sobrellega, el futuro que avanza sobre él, anticipa largamente basándose en el largo pasado que conserva”; “como el buen jugador de ajedrez al mover una pieza tiene la profética intuición de las innumerables jugadas que puede provocar”.
Y así resulta que “el hombre por su esencia misma se complica la vida, y cuanto más hondo sea su vivir y más auténticamente humano, la complicación es mayor. ¡Y todo por esta venturosa desdicha de poseer una formidable imaginación!“.
“Supóngase un hombre que ha ejercitado un enorme esfuerzo para lograr la creación de algo. ¿De dónde ha manado ese esfuerzo? Evidentemente de la fe que tenía”. Pues “sólo podemos vivir apoyados en ciertas ideas sobre nosotros mismos y el más o menos de vida —su energía, intensidad, eficiencia— depende del coup de champagne que esas ideas logren darnos”. De aquí que lo fundamental sea el autoconcepto que tiene uno de sí, de lo capaz que uno se siente: “Se vive, decía yo, de la idea que uno tiene de sí mismo“.
Pues, como vimos otro domingo, advirtió Virgilio: “Pueden porque creen poder“; de lo que resulta que “creer es crear“.
Pero en esta idea que tiene cada uno de sí “interviene siempre, más o menos, la idea que tengamos de los demás”. Por lo que, “si de los demás tenemos una idea demasiado buena, cuanto somos o hacemos nosotros nos parecerá despreciable, y este desprecio reflejo, actuando hora tras hora sobre nosotros, acabará por aflojar nuestra tensión vital”. Entonces, para mantener el ímpetu vital capaz de imaginar, creer y crear a lo grande no conviene compararse ni poner en un pedestal a nada ni a nadie porque entonces automáticamente nos veremos incapaces de lograrlo: no creeremos que podemos.
Por ello, “porque el tono vital y su nivel son lo decisivo”, es “necesario considerar el «crédito» como una dimensión radical de nuestra vida”. De hecho, todo vivir humano es “una operación de «crédito» y ello no por azar empírico, sino por esencia y constitutivamente”; en tanto “nadie podría vivir atenido a lo que tiene y es «realmente» su vida sin un suplemento de horizonte a crédito“. De aquí, como también vimos otro domingo, que “junto a los innumerables hospitales, cajas de ahorros y sociedades de seguros, fuera espléndido multiplicar las sociedades de riesgo”, dado que la propia vida así vista es para cada uno, a cada paso, una empresa de riesgo: de oportunidad y peligro.
“En efecto, en todo instante tenemos que imaginar, que construir mediante la fantasía lo que vamos a hacer en el inmediato”. De modo que “el hombre vive de su fantasía que le construye su mundo, el elemento en que transcurre su existencia. Sin construcción mental no hay un «mundo»: hay sólo el montón de hechos brutos y atomizados a que acaso, acaso se reduce la vida animal”.
Pero el hombre “es una entidad infinitamente plástica de la que se puede hacer lo que se quiera. Precisamente porque ella no es de suyo nada, sino mera potencia para ser as you like”. Por eso es el hombre libre y… no por casualidad”.
Y, con todo, es responsable de sostener o abandonar su construcción mental: esa imagen ideal de su propia vida, bien creyendo que es posible bien dándola por imposible. Y sólo podrá si creyó poder.
Textos citados: “[Discurso para los juegos florales de Valladolid]” (1906); La rebelión de las masas (1930); “[Pensar en grande]” (1931); “¿Instituciones?” (1931); Principios de metafísica según la razón vital (1932); “Sobre las carreras” (1934); Un rasgo de la vida alemana (1935); Vives (1940); En torno a Galileo (1947).

Deja una respuesta