La forma superior de la existencia humana es el deporte

Isabel Ferreiro


Hoy, de nuevo, Ortega nos hace pensar con esta idea sorprendente: que “la forma superior de la existencia humana no es el trabajo sino el deporte”.

“El siglo pasado hizo la apología del trabajo, del esfuerzo obligado —como si hubiese sido el creador de las grandes cosas humanas. Ahora empezamos a advertir que esa apología fue injustificada. Todo lo que posee un valor superior ha sido fruto y emanación de esfuerzos deportivos y superfluos. Y no por mero azar sino, en virtud, de una ley esencial. El trabajo no crea propiamente”; es una actividad de adaptación”, que nos apremia y limita para satisfacer una necesidad.

Al trabajo, a “la faena diaria y forzosa”, se contrapone “la empresa, el discontinuo esfuerzo deportivo y la aventura”; es decir: otro tipo de esfuerzo que no nace de una imposición, sino de un “impulso libérrimo y generoso de la potencia vital”.

De modo que, “si en el trabajo es la finalidad de la obra quien da sentido y valor al esfuerzo, en el deporte es el esfuerzo espontáneo quien dignifica el resultado“. Pues “se trata de un esfuerzo lujoso, que se entrega a manos llenas sin esperanzas de recompensa, como un rebose de íntimas energías”.

“A las obras verdaderamente valiosas sólo se llega por mediación de este antieconómico esfuerzo: la creación científica y artística, el heroísmo político y moral, la santidad religiosa son los sublimes resultados del deporte”. Igualmente, “la verdad no es, en verdad, más que un deporte y, por lo mismo, conviene cultivarla con la moral y la disciplina más rigorosas, que son las usadas en los juegos”.

Los intelectuales, pues, “tienen ahora que reaprender la ética de los futbolistas. las normas rígidas han nacido históricamente en el deporte de los nobles. El propio Platón no sabe encomiar más altamente la filosofía que llamándola «la ciencia de los hombres libres, de los nobles, de los caballeros» (…) y es como si la llamase el Gran Deporte”.

Al cabo, “todas las grandes épocas han sabido sostenerse, sobre el abismo de miseria que es la existencia, merced al esfuerzo deportivo de la sonrisa“. De aquí que la calidad del esfuerzo deportivo sea siempre egregia y exquisita; y, por ello, que sea imposible reducir el esfuerzo deportivo a unidad de peso y medida: a precio y cuantificación, como rige en la usual remuneración del trabajo. Pues “lo valioso es su tono, su ímpetu gentil”; y no lo producido, ni las horas pasadas en el lugar de trabajo, muchas veces no más que de cuerpo presente.

Bien visto, pues, “cuanto vale algo sobre la tierra no es obra del trabajo. Al contrario, ha nacido como espontánea eflorescencia del esfuerzo superfluo y desinteresado en que toda naturaleza pletórica suele buscar esparcimiento. La cultura no es hija del trabajo, sino del deporte“. Y, por tanto, “la marcha de la sociedad, junto con los nuevos descubrimientos de las ciencias, obligan a una reforma radical de las ideas” acerca “de la historia hacia un sentido deportivo y festival de la vida”.

Así, “el hombre que se impone a sí propio una disciplina más dura y unas exigencias mayores que las habituales en el contorno, se selecciona a sí mismo”; y “dará a su esfuerzo el aire jovial, generoso y algo burlón que es propio al deporte. Disminuirá en lo posible el gesto triste del trabajo que pretende justificarse con patéticas consideraciones sobre los deberes humanos”; y “hará sus espléndidas creaciones como en broma y sin darles grande importancia“. Y ello porque encuentra lo más interesante y valioso de la vida en su propio ejercicio.

“Conviene, sin embargo, no confundir el deporte con el juego”. Pues el juego se para cuando se llega al esfuerzo; con lo que le faltan, por tanto, muchos atributos del deporte: “entrenamiento, disciplina, riesgo —en suma, seriedad, gravedad”. Por lo que “todas las labores valiosas que se han cumplido en la historia nacieron de esa disciplina dura, vibrante, que no consiente el menor abandono o flojera”. Y, así, vemos que “los hombres mejores han consumido sus vidas en puro frenesí deportivo”, pues han hecho del deporte su esencial ocupación”; y por lo cual su vida ha resultado una fiesta continuada. “Pero una fiesta es, para quien toma en ella parte, un esfuerzo que puede ser mortal”.

“Todos los grandes ejemplares humanos han buscado y querido el peligro y el dolor. Por íntima afición eludieron la comodidad, pusieron pecho al enemigo, se consumieron en la batalla o en la idea, y navegaron en Gólgotas”. “Por eso el lema decisivo de las antiguas aristocracias, forjadoras de nuestras naciones occidentales, fue el sublime Noblesse obligeNada se puede esperar de hombres que no sientan el orgullo de poseer más duras obligaciones que los demás“. —Cabe mencionar que hoy es consejo habitual “salir de la zona de confort”, precisamente porque en lo cómodo no hay posibilidad de crecimiento.

Así, “en mi interpretación de la vida transparece la unión indisoluble, la mutua necesidad de venir a síntesis, de las dos grandes verdades históricas sobre ella: la cristiana, para quien vivir es tener que estar en un valle de lágrimas, y la pagana, que convierte el valle de lágrimas en un stadium para el ejercicio deportivoLa vida como angustia y la vida como empresa. Repito mi razonamiento: para sentir la angustia es preciso seguir en la vida. Si yo me voy de la vida se acaba la angustia. Pero seguir en la vida es aceptar libérrimamente la angustiosa tarea. Y esto es la definición del esfuerzo deportivo”.

Textos citados: “El Quijote en la escuela” (1920), en El Espectador III; [“Mi artículo sobre «La vieja política»…”] (1923); El tema de nuestro tiempo (1923); “El sentido deportivo de la vitalidad” (1924); “El deber de la nueva generación argentina” (1924); “Sobre ensimismarse y alterarse” (1933); “Bronca en la física” (1937); Estudios sobre el amor (1939).

definición del esfuerzo deportivo”.

Textos citados: “El Quijote en la escuela” (1920), en El Espectador III; [“Mi artículos sobre
«La vieja política»…”] (1923); El tema de nuestro tiempo (1923); “El sentido deportivo de la vitalidad” (1924); “El deber de la nueva generación argentina” (1924); “Sobre ensimismarse y alterarse” (1933); “Bronca en la física” (1937); Estudios sobre el amor (1939).


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