Hay que salir del pozo saltando fuera del pozo con el pozo a cuestas

Isabel Ferreiro


Hay que salir del pozo saltando fuera del pozo con el pozo a cuestas“, escribe Ortega en su diario de Marburgo, el 27 de enero de 1907. Lo cual es lo mismo que nos dirá siete años después su más célebre frase: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Uno es con su pozo.

El pozo es mi mundo, mis capacidades, creencias, facilidades, y dificultades: mi circunstancia.

Y, desde mi pozo, miro hacia mis objetivos que son, como las estrellas, los “pensamientos de oro que tiene la noche”, y me decido ir hacia ellos, dispuesto a trascender “el mundo que es nuestro contorno”. Es lo uno y es lo otro: el pozo y el universo, la noche y las estrellas.

“Mientras por materia entendemos lo inerte”, lo que es, lo que está; el espíritu es “el principio que triunfa de la materia, que la mueve y agita, que la informa y la transforma y en todo instante pugna contra su poder negativo, contra su trágica pasividad”.

Y ¿por qué pugna? Porque la materia cuenta con la fuerza de la gravedad de lo establecido, te lleva a repetir, a quedarte dentro de lo “ya adquirido”: “el principio de identidad es siempre hostil a lo nuevo que es, por lo pronto, lo no idéntico”.

Pero la paradorja es que en esa resistencia de la materia encuentra el espíritu la palanca.

El pozo es pozo y, a la vez, trampolín: “He leído los libros de Natorp, otros libros de psicología y de Historia: unos veinte volúmenes y entre ellos las dos Críticas de Kant. Estas dos piezas de sillería son el fundamento de mi futura catedral íntima. Y yo siento en mí una seguridad, una reciedad desconocidas: son las dos piedras que he puesto como lastre en mi espíritu”. “Ahora hay que hacerse a saltar con piedras en los bolsillos“.

“Einstein ha demostrado que, gracias a la relatividad de toda medida, la física tiene un valor absoluto. Parejamente, la aviación resuelve en forma elegante el problema de elevarse y caminar en el espacio, a pesar de la resistencia del aire, haciendo de esta resistencia punto de apoyo para la sustentación y el avance“.

Entonces, ¿por qué no aprender a dar un sentido positivo a la negativa condición? “¿Por qué no acertar a descubrirle su gracia y su sentido? Ésta es la intención de mi pensamiento filosófico general”: la intención de que el hombre se adapte su “transitoriedad inevitable; y así, su instante perecedero tenga para él algún dejo de eternidad. Como decía Leonardo: «El que no puede lo que quiere, que quiera lo que puede»”.

Lo decisivo es, pues, “que llenemos hasta los bordes la hora caminante, que seamos en el ánfora grácil buen vino que rebosa. Los años y las meditaciones, al pasar sobre mi alma, van aposando en ella la convicción de que la norma superior, la más delicada, es una profunda y religiosa docilidad a la vida. Toda otra norma debe ser sometida a esta instancia”.

Se trata de hacerse cargo del pozo que presenta la vida; pues asumirlo es lo que permite trascenderlo. Como ve Jung, el crecimiento del hombre pasa por integrar la propia sombra. Por ello, obviar el pozo, como tanto se pretende, es vivir tanto sin suelo como sin rumbo; merced del viento, de acá para allá, por no haber echado raíces en el suelo firme del pozo de mi propia vida que hubieran sostenido el vuelo.

Así, “la obra genial se caracteriza porque nacida de unas circunstancias las anula, las rebosa”. “La vida, decía Simmel, consiste precisamente en ser más que vida; en “avanzar hacia un todo viviente más amplio” y “derramarse más allá de sí”; pues, en ella, lo inmanente es un trascender más allá de sí misma”.

Uno, pues, está llamado a trascenderse a la vez de tener que “sostenerse a sí mismo”; por lo que sólo se puede ir hacia ese mejor sí mismo que estamos llamados a ser desde el pozo en que la vida nos ha sido dada.

Obras citadas: “[Diario de Marburgo] (enero 1907, domingo 27); “La voluntad del barroco” (1912); Meditaciones del Quijote (1914); “La vida en torno” (1917), en El Espectador II; “Leyendo Le petit Pierre, de Anatole France” (1919), en El Espectador III; El tema de nuestro tiempo (1923); La redención de las provincias y la decencia nacional (1931); Goethe desde dentro (1932); El hombre y la gente [Curso de 1939-1940]; El hombre y la gente [Curso de 1949-1950]


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