Isabel Ferreiro
“Estemos siempre prontos a obedecer más radicales sugestiones y a levantar el vuelo, en la hora justa, como las aves migratorias”.
“Más allá de la vida —se nos dice— está la Eternidad. Bien; pero la vida” es por lo pronto “todo lo contrario que lo eterno: propiamente no dura, no es sino constante cambio y cierto acabar”.
Y “no se trata, simplemente, de que al hombre le acontezca cambiar, sino que no es otra cosa sino mudanza y variación”.
Entonces, “¿por qué no aprender a dar un sentido positivo a esta negativa condición? ¿Por qué no acertar a descubrirle su gracia y su sentido? Ésta es la intención de mi pensamiento filosófico general: la intención de que el hombre, cualesquiera sean sus ideas sobre lo que hay a ultranza de la vida, deje de cocear contra su efímero destino, e instalándose en él como definitivamente, se adapte a esa transitoriedad inevitable; y así”, alegre, se embarque “entero en la gracia de cada hora”, y “su instante perecedero tenga para él algún dejo de eternidad”.
“Como decía Leonardo: «El que no puede lo que quiere, que quiera lo que puede». Y éste es el sentido del lema que llevará mi libro, hace años en preparación: Mobilis in mobile, «Móvil en lo inquieto», «Fugaz en lo fugaz»”.
“Cuando el teorema me propone considerar la relación entre la tangente y la curva, me distraigo del teorema y me sorprendo imaginando cuál será el íntimo estremecimiento de la curva al sentir que esa tangente, que viene de vagas ultranzas, de lejanos lejos, tal vez de infinitudes, llega a ella y la toca un solo instante y en un solo punto, para seguir sin demora su vuelo de ave migratoria hacia otras ultranzas, hacia problemáticos lejos, hacia nuevas infinitudes”.
La tangente es “símbolo condensado de lo fugaz que es nuestra vida y todo en ella; nuestra vida, que conmovida, se pasa ella misma (…) teniendo que decir de cosas y personas: «¡Ya vienen! ¡Ya vienen!» y casi sin poder tomar aliento: «¡Ya se van! ¡Ya se van!»”.
Y, así, es la moral de la tangente “que llenemos hasta los bordes la hora caminante, que seamos en el ánfora grácil buen vino que rebosa”.
“El hombre no tiene más remedio que aprender a vivir en esta forma dual y sentirse a la par mudable y eterno. Esto nos obliga a modificar profundamente la óptica de la vida”.
“Ninón de Lenclos había elegido, a guisa de emblema, una veleta. Bajo ella hizo poner esta frase castellana: No mudo, si no mudan. Esta gentil paradoja, donde se encarga a la veleta de simbolizar la verdadera constancia, me parece un pensamiento magnífico. La veleta fija siempre hacia el ábrego no es por ello más constante que las otras; es sencillamente una veleta mohosa y paralítica”.
“No hay adquisición humana que sea firme”. El hombre es un ente, “que en medio de un mundo en constante movimiento es él mismo móvil“. “Sea nuestro lema: Mobilis in mobili. O con palabras de Goethe: Ein Wandelndes, das in uns und mit uns wandelt. (Todo lo domina un ser mudadizo que en nosotros y con nosotros muda)”.
Además, como “la vida es nuestra reacción a la inseguridad radical que constituye su sustancia”, “es sumamente grave para el hombre encontrarse excesivamente rodeado de aparentes seguridades. La conciencia de la seguridad mata a la vida“, de hecho.
Y otro hecho es que lo nuestro tampoco “es definitivo, sino tan histórico y corruptible como cualquiera de sus hechos hermanos en el pasado”: eslabón que “tiende la mano al eslabón futuro, lo anuncia, postula y prepara“.
Así, cuando la propia prolongación es ya imposible, “aún cabe decidirse bellamente por la gran generosidad y, ya que no se puede vivir la nueva vida que llega, alegrarse de que otros la vivan, querer que el porvenir sea distinto”, estar resuelto a la aventura de dejar ser a la novedad invasora.
Cumplido en lo esencial lo intentado, pues, la discreción aconseja la retirada y, con las propias fuerzas, en vez de obstinarse en proseguir, “realizar la faena mágica de reducirse a sí mismo a la nada”. Es esta “capacidad superabundante y paradójica” la que consiste en ser dueño hasta de la propia desaparición.
“En los sitibundos desiertos de Libia se suele oír un proverbio de caravana” de alta higiene vital, “que dice así: «Bebe del pozo y deja tu puesto a otro»”.
Textos citados: “Incitaciones“ (1919), en El Espectador III; ¿Qué es filosofía? (1929); El hombre y la gente [Curso de 1939-1940]; Ideas y creencias (1940); Prólogo a «Historia de la filosofía de Émile Bréhier» (1942).

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