El mundo es una perspectiva

Isabel Ferreiro

El mundo es una perspectiva”. 

“Yo puedo cambiar de sitio, pero cualquiera que él sea, será mi «aquí». Por lo visto, aquí y yo, yo y aquí somos inseparables de por vida“.

Y, así, “lejos es lo que está a considerable distancia de mi aquí. Lejos es lo que está allí“; y “entre el aquí y la lejanía del allí hay un término medio —el ahí—, es decir, lo que no está en mi aquí pero sí próximo”. Por lo que vivir en un cuerpo trae consigo “que todas las cosas del mundo estén colocadas con relación a mí”. 

A la localización corporal se suma “la estructura psíquica de cada individuo”, la cual “viene a ser un órgano perceptor, dotado de una forma determinada, que permite la comprensión de ciertas verdades y está condenado a inexorable ceguera para otras”.

“El medio, por tanto, no depende sólo de nuestra estructura corporal, sino también de nuestra estructura psicológica. Cada individuo posee un régimen de atención distinto, o, como suele decirse, «se fija» en unas cosas y se ciega para otras”. Con lo cual, “el hombre entero con todo su cuerpo y toda su alma viene a ser un órgano receptivo, viviente antena radiotelegráfica que recoge e intercepta los infinitos temblores de la realidad circunstante”.

Y, como cada hombre ve desde su punto de vista, “dos hombres miran el mismo paisaje” y, “sin embargo, no ven lo mismo”. “Lo que para uno está en último plano, se halla para otro en primer término”. Y el resultado es que el paisaje no es el mismo: “El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina, y nuestro corazón reparte los acentos”.

Por lo que una misma realidad “se quiebra en muchas realidades divergentes cuando es mirada desde puntos de vista distintos”. “Esposa, médico, periodista y pintor presencian un mismo hecho”: “la agonía de un hombre”. “Sin embargo, este único y mismo hecho se ofrece a cada uno de ellos con aspecto distinto”.

Ahora se nos “ocurre preguntarnos: ¿cuál de esas múltiples realidades es la verdadera, la auténtica?”. Y pasa que “cualquiera decisión que tomemos será arbitraria. Nuestra preferencia por una u otra sólo puede fundarse en el capricho. Todas esas realidades son equivalentes, cada una la auténtica para su congruo punto de vista”.

 “¿Tendría sentido que cada cual declarase falso el paisaje ajeno? Evidentemente, no”.

Cada persona tiene su particular perspectiva: “donde está mi pupila no está otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios. «Sólo entre todos los hombres llega a ser vivido lo Humano» —dice Goethe”.

“Dentro de la humanidad cada raza, dentro de cada raza cada individuo, es un órgano de percepción distinto de todos los demás y como un tentáculo que llega a trozos de universo para los otros inasequibles”.

“Necesitamos una perspectiva íntegra, con primero y último plano”. Por tanto, “en vez de disputar, integremos nuestras visiones en generosa colaboración espiritual, y como las riberas independientes se aúnan en la gruesa vena del río, compongamos el torrente de lo real”.

Y la experiencia humana más clara de integración es el amor: cuando el otro deja de ser un “allí” y fundimos nuestra perspectiva con la suya, su punto de vista no se yuxtapone al propio sino que lo ensancha. El amor, pues, no anula las perspectivas, sino que las une en una mirada más amplia, más verdadera.

Textos citados: “Verdad y perspectiva” (1916), en El Espectador I; “El Quijote en la escuela” (1920), en El Espectador III; El tema de nuestro tiempo, 1923; La deshumanización del arte e ideas sobre la novela (1925); El hombre y la gente [Curso de 1949-1950].


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