El arte de vivir consiste en aprovechar toda circunstancia, incluso la que parece negativa

Isabel Ferreiro

El arte de vivir consiste en aprovechar toda circunstancia, incluso la que parece negativa, para obtener de ella un rendimiento óptimo“. De otro modo, se repetirá hoy la experiencia que no se quiso aprovechar.

Todo el secreto está en aprovechar la circunstancia efectiva“, lo cual no es sino salvarla y, por tanto, nos salva.

Es preciso, pues, “atender cuanto no es deseo sino imposición en este presente, lo que en él hay de fatalidad. Hay que aprender a aceptarlo para aprovecharlo y corregirlo. No hay ningún tiempo pésimo. Dondequiera la planta de la vida sabe florecer y fructificar“.

Por tanto, “en lugar de fingir circunstancias imaginarias”, quejarnos de la realidad y del destino, o irritarnos contra la insuficiencia de la vida, contra la maldad o la torpeza de los hombres, conviene advertir que siendo a la postre la realidad, sólo es discreto subrayarla con ironía imitando el gesto del hada Titania que en la selva encantada de Shakespeare acaricia la cabeza de asno”.

Y, “en vez de derramar llanto sobre nuestras limitaciones, debemos utilizarlas como saltos de agua para nuestro beneficio. La cultura ha sido siempre aprovechamiento de inconvenientes“. El hombre organiza su vida, contando con las circunstancias, aun las adversas, y a ellas logra “arrancar a su negatividad no pocas ventajas. El hombre acaba por aprovechar todo“.

“Así, en vez de pretender que mágicamente el hombre deje de ser peligroso para el hombre, como hacen los utopistas, debemos reconocerlo, subrayarlo, apoyarnos en ello, como el pájaro se apoya para volar en la resistencia negativa del aire, e ingeniárnoslas para aprovechar este destino y hacerlo sabroso y fértil”.

“La barbarie nos rodea; ¿qué importa? Sabemos aprovecharla como el ingeniero aprovecha la brutalidad de un salto de agua; para eso están sobre la tierra los hombres de buena voluntad a modo de fermento pacífico que va descomponiendo los enormes yacimientos de mala voluntad”.

También “muchas veces la vida toma, en efecto, un rostro que se llama derrota. Bien, y ¿qué? ¿No puede acaso ser esto una buena fortuna? Los que tienen de la realidad histórica una concepción mágica no lo admitirán. Pero Maquiavelo, que no creía en la magia, nos dice: «Ed è, e sempre fu, e sempre fia che’l mal succeda al bene e il bene al male, e l’un sempre cagion dell’altro sia»” —Y es, y siempre fue, y siempre será, que el mal sigue al bien y el bien sigue al mal, y uno es siempre causa del otro. O, como ve Hegel, “tras de las ruinas se oculta el rejuvenecimiento“.

¿Por qué no aprender a dar un sentido positivo a la negativa condición? “¿Por qué no acertar a descubrirle su gracia y su sentido?” Pues “otra cosa sería no mejorar la vida sino, al contrario, vaciarla de lo limitado y finito”.

Y la vida del hombre “es todo lo contrario que lo eterno: propiamente no dura, no es sino constante cambio y cierto acabar”, “mudanza y variación”. Pero “un ser inmortal, que ante sí dispone de un tiempo infinito, lo mismo le da hacer una cosa ahora que luego, en un luego ilimitado; lo cual equivale a que le da lo mismo hacerla que no hacerla”. “De donde resulta esta sorprendente pero ineludible paradoja: que un ser inmortal tiene tanto tiempo que puede impunemente perderlo y, por lo mismo, es como si no lo tuviera y es como si no fuese temporal”.

“Por lo visto lo más esencial del Tiempo consiste en ser algo que se puede perder“, y “que es preciso aprovechar”. Para esto es necesario un ser que tiene Tiempo pero que tiene poco y al tener poco no puede perderlo y tiene que aprovecharlo”.

Cada día para el hombre es único —es un día de ciertos determinados días que están a su disposición; si lo pierde, si no lo aprovecha bien es una pérdida absoluta. Tiene que aprovecharlo, esto es, tiene que acertar en lo que cada día hace, y para acertar tiene que esforzarse a fin de estar en lo cierto —o lo que es igual, tiene que estar en la verdad”.

Sin límite, pues, la vida no tiene sentido ni propiamente vida. “Por eso decía Galileo que «los detractores de lo corruptible merecerían tornarse estatuas»”.

En el fondo, tanto da lo que nos haya pasado” y cual sea la coyuntura en la que estemos; pues “lo decisivo es que, sea lo que sea, sepamos aprovecharlo. El buen jugador de pelota toma ésta donde le llega”. 

Textos citados: “Las revoluciones” (1910); Meditación de nuestro tiempo. Introducción al presente (1928); Rectificación de la República (1931); Idea del teatro (1946); Sobre una interpretación de la historia universal. Exposición y examen de la obra de Arnold Toynbee: «A study of history» (1948); “Alrededor de Goehte” (1949); “Discurso a los universitarios de Berlín” (1949); [Apuntes para una Escuela de Humanidades en Estados Unidos] (1949); El hombre y la gente [Curso de 1949-1950]


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