Cada objeto nos impone, si ha de ser bien visto, su distancia peculiar

Isabel Ferreiro

Como la ineludible y forzosa ley física de la caída de los cuerpos, existe “el imperativo de la «distancia peculiar»”: “Cada objeto —cosa, acontecimiento o persona— nos impone, si ha de ser bien visto, su «distancia peculiar»“.

Las cosas, “al querer entenderlas nos exigen que las situemos en una perspectiva determinada. Podemos perfectamente desobedecer este imperativo de la distancia peculiar en que cada objeto nos invita a colocarnos pero la consecuencia automática es que no lo veremos bien, que no lo entenderemos”. Por ello, “el Conocimiento no es obra de la fuerza ni empresa de la violencia sino, más bien, una manera de cortesía con las cosas. Dove si grida non è vera scienza, decía Leonardo da Vinci. Por esto, las épocas aficionadas a una violencia sistemática son épocas de sistemática insciencia”.

“La ley de nuestro trato con las cosas se parece, pues, mucho a la ley de cortesía que regula nuestro trato con la mujer (…) nada más fácil que faltar a ella, que ser descortés. Cumplirla o no depende exclusivamente de nuestra voluntad. Pero si nos negamos a acatarla la mujer” se encerrará “en un desdeñoso hermetismo”.

“Es un error creer que el aspecto más verídico de una cosa sea el que ella ofrece sometida a una visión muy próxima. Ver bien un ladrillo es mantenerlo a tan corta distancia de nuestros ojos que percibamos los poros de su materia. Pero ver bien una catedral no es mirarla a la misma distancia que un ladrillo. Para ver bien una catedral hemos de renunciar a ver los poros de sus piedras y alejarnos de ella debidamente”.

También “se ha dicho que no hay grande hombre para su ayuda de cámara. ¿Quiere esto decir que no haya, en verdad, grandes hombres? No; más bien quiere decir que hay, en verdad, ayudas de cámara, gentes de condición rencorosa y ruin, con alma miope, que se acercan demasiado a las cosas excelsas y viven condenados a no ver sino lo que hay de pequeño en lo grande”.

“La confianza da asco” afirma el dicho popular; pero hoy Ortega nos enseña que no es la confianza lo que distorsiona sino la transgresión de esa peculiar distancia que cada ser impone para poder ser visto en su plenitud. Es la invasión del espacio necesario lo que impide la objetividad para poder ver su verdad. Por lo que “si no hay grande hombre para su ayuda de cámara es debido a su inconveniente proximidad“.

No guardar la debida distancia, no sólo es una forma de violencia, sino que además nos mantiene inconscientes. “Basta con ver las cosas de abajo a arriba, o como dicen los alemanes, en perspectiva de rana, para que nos parezcan grotescas”. Y la barbarie culmina cuando confundo eso que se ve con la verdad y, desde tan miope perspectiva, se juzga. En cambio, “si en vez de permitirnos la proximidad servil, que su oficio impone al ayuda de cámara, tomamos aquella forma de distancia sentimental que llamamos respeto, las líneas monumentales del hombre genial aparecerán claramente“.

Por ello el amores por esencia gran arquitecto de jerarquías, gran organizador de los cercas y los lejos, de proximidades y distancias“. Concedamos, pues, a cada persona, obra, cosa la distancia justa para poderlas ver en su verdad, que no es sino hacerles justicia.

Textos utilizados: “Particularismo y acción directa. Notas de fenomenología social. I. Un poco sobre perspectiva” (1920); “El sentido deportivo de la vitalidad” (1924); Goethe desde dentro (1932); Teoría de Andalucía y otros ensayos (1942); Sobre una nueva interpretación de la historia universal. Exposición y examen de la obra de Arnold Toynbee: A study of history (1948)


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