Depende de nuestro humor la elección de punto de vista: el desdeñable o el respetable, ambos son igualmente verídicos

Isabel Ferreiro

“No hay cosa viviente o que en algún sentido pertenezca a la vida que no ofrezca un haz desdeñable. Pero esa misma cosa tiene siempre otro grave, respetable, magnífico o temible. Depende de nuestro humor la elección de punto de vista: ambos aspectos son igualmente verídicos“.

“El error consiste en suponer que sólo uno lo es. Entonces nuestra visión queda dañada de parcialidad”. Por lo que “para abrazar bien lo real, para apresarlo en su integridad, tenemos que lanzar hacia él los dos grandes tentáculos: el espanto y la ironía“.

El asunto, la realidad que se contempla, “es, pues, una calidad del pensar”, pues, “es, en ambos casos, el mismo y sólo nuestro punto de vista, el que ha variado”.

¿Cómo negar, entonces, “que el sujeto condiciona en algún sentido la verdad? Empezando por su cuerpo, por sus órganos de sensibilidad: el sistema nervioso se halla interpuesto entre nuestra conciencia y el universo, lo mismo que una retícula o cedazo que sólo deja pasar una porción de realidad e intercepta todo el resto”.

“No hay duda de que ve otro mundo el ojo de seis mil facetas de la rubia abeja y el globo ocular del hombre que condensa los rayos luminosos. Pero ¿qué sentido tiene preguntarse cuál de los dos ve el mundo visible como el mundo visible es? El mundo visible es de tantas maneras como sean las formas de verlo: cuantos estemos en torno a un objeto vemos de él caras y lados diversos y porque sean entre sí diversos no son todos menos propios del objeto. Qué llegue, pues, del mundo al sujeto depende por lo pronto de su estructura orgánica, especifica e individual”, —de sus humores, decíamos.

De modo que “todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado“. “A es, pues, la relación en que bajo un punto de vista escogido por mí están x, x’, x’’”. Pero, claro, “esto ya no es representación sino construcción”. “Vemos, pues, que lo elemental con que construimos el objeto no es representación, sino pura construcción. Los objetos son ideaciones, que es lo más opuesto a representaciones”. Construimos tanto lo magnífico como lo desdeñable.

Y es que “la realidad no puede ser mirada sino desde el punto de vista que cada cual ocupa, fatalmente, en el universo“; por tanto, es desde un punto de vista desde donde “se determinan las condiciones de toda realidad, de toda verdad”. Con lo que “hay tantas realidades como puntos de vista. El punto de vista crea el panorama”.

Esto no quiere decir, como entiende el escepticismo, que “el punto de vista del individuo es falso (…) luego no existe la verdad”, sino que el punto de vista individual es “el único punto de vista desde el cual puede mirarse el mundo en su verdad“.

“La verdad, lo real, el universo, la vida —como queráis llamarlo—, se quiebra en facetas innumerables, en vertientes sin cuento, cada una de las cuales da hacia un individuo. Si éste ha sabido ser fiel a su punto de vista, si ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina por otra imaginaria, lo que ve será un aspecto real del mundo“.

“La verdad o error significan siempre si algo es tal o no tal —tal es siempre un concepto, un punto de vista. La verdad es relativa no en el vulgar sentido escéptico, sino en el de que la verdad consiste absolutamente en una relación. No hay derecha absoluta, porque es absolutamente, esencialmente relación a izquierda”.

“Partiendo de un punto de vista o de referencia se relacionan o refieren a él los datos brutos de lo espontáneo. Así: derecha e izquierda. Lo derecho o izquierdo es sólo en el pensar, como objetivación del pensar. El ser es siempre con respecto a”. Por lo que “el pensar es un proceso infinito”.

Y es esta misma “imposibilidad de dominar definitivamente el universo de lo real desde un solo punto de vista” lo que “da un sentido claro a la existencia de varias concepciones”.

“Quien no se espanta —el thaumázein de Platón— no profundiza; quien no ironiza se deja arrastrar a lo profundo, naufraga, perece ahogado. Lo mejor es hacer como el buzo de Coromandel: que se sumerge hasta hallar en el abismo la valva preciosa; pero sale luego a la superficie iluminada trayendo la perla entre los dientes“.

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