Tachar de superficialidad la moda equivale a confesar la propia y nada más

Isabel Ferreiro

“Las modas en los asuntos de menor calibre aparente —trajes, usos sociales, etcétera— tienen siempre un sentido mucho más hondo y serio del que ligeramente se les atribuye, y, en consecuencia, tacharlas de superficialidad, como es sólito, equivale a confesar la propia y nada más“.

Así, “cuando leo en un escritor que cierto estilo de pintura o determinada forma de ideología poco simpáticos a sus ojos —tal vez por no comprenderlos— son «no másque moda», detengo la lectura y no sigo. Es un síntoma infalible de que el escritor es poco inteligente y superficial”.

Pero, “hay gentes que cuando han calificado algo de metáfora o de moda creen haberlo aniquilado y no ser menester mayor investigación. ¡Como si la metáfora y la moda no fuesen realidades del mismo orden que las demás, dotadas de no menor consistencia y obedientes a causas y a leyes tan enérgicas como las que gobiernan los giros siderales!”

“Confieso no haber entendido nunca muy bien qué género de fulminaciones se presume condensar sobre un acto humano cuando se le declara mero efecto de la moda. ¿Se cree, por ventura, que con ello se le ha extirpado toda realidad y significación, o que, cuando menos, se le ha relegado a la zona de lo arbitrario, donde nada tiene raíces ni íntima lógica? Yo me temo que este desdén a la moda, fundado en considerar superficiales y frívolas sus manifestaciones, revele más bien la superficialidad del desdeñoso. Pues a poco que se medita, aparece la moda como una dimensión permanente de la vida espiritual, que se desenvuelve conforme a leyes ni más ni menos rigorosas que las dominantes sobre los demás fenómenos históricos”.

“Es sobremanera verosímil que un día no lejano el análisis microscópico y químico de una pestaña revele con anticipación la tuberculosis que se inicia apenas en un organismo (…). Del mismo modo la simple moda hoy triunfante de llamarse de «tú» las personas a poco que se aproximen implica, para quien sepa mirar, todo el resto de los grandes cambios políticos y éticos que se avecinan“.

“Lo que aparentemente es caprichoso viene engendrado por las fuerzas más íntimas“, como en lo que para más externo “intervienen las porciones más profundas e intrincadas de nuestra personalidad”. Lo externo es reflejo de lo interno, como todo fuera tiene su dentro.

Por ello, “es un error desdeñar los caprichos de la moda; si los analizamos, nos servirán como datos de la más fina calidad para insinuarnos en lo recóndito de una época”. Y, de hecho, “una generación es una moda integral de existencia que se fija indeleble sobre el individuo”.

“Las cosas reputadas como las más serias marchan y varían regidas por el mecanismo biológico, esencial, de la moda, que así asciende a ley profunda de lo real, y claro está que si es así, así debe ser”. “De suerte que no existe otra forma de manifestarse el proceso espiritual que la serie continua de las modas intelectuales, estéticas, morales y religiosas“.

“Hay, pues, modas en los sentimientos. ¡No faltaría más! Así ahora el amor empieza a no llevarse“. “La vida humana es en su propia substancia y en todas sus irradiaciones creadora de modas, o, dicho en otro giro, es esencialmente «modi-ficación»”.

Y, a veces, “lo superfluo es lo más necesario“. “El aseo, el cambio de camisa, el baño“, buscar el decorum en todos los aspectos de la vida conducen a “alma limpia y cuerpo limpio“, del mismo modo que desde antiguo se vio que “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano“.

Así, “el aliño que el más descuidado suele poner en su aderezo corporal al tiempo de la aspiración amorosa no es sino la expresión exterior y un poco ingenua del aseo espiritual a que la mujer nos incita. Ya esta espontánea selección y pulimento de nuestro repertorio vital es un primer impulso hacia la perfección“.

De modo que “la vida creadora supone” un régimen de gran “«decoro» —decorum— (…): lo que conviene o es decente en el comportamiento público”; de anhelar el “propio perfeccionamiento”, excitar, con “disciplina material”, pulcritud y responsabilidad “los usos y maneras”, el buen gusto y “la conciencia de la dignidad”.

Frente a este “no abandonarse nunca en nada”, parece que vivimos en un “progresivo envilecimiento y debilitación” hacia la “chabacanería, falta de decoro mínimo, de respeto a sí mismo, de decencia en el modo”: a la deriva de los propios hábitos, en “el abandonarse, el «de cualquier manera», el «lo mismo da», el «poco más o menos», el «¡qué importa!»”.

Pero “la nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones, no por los derechos. Noblesse oblige. «Vivir a gusto es de plebeyo: el noble aspira a ordenación y a ley» (Goethe)”.

Textos citados: Las Atlántidas (1924); “Para la historia del amor” (1926); Misión de la Universidad (1930); Ensimismamiento y alteración (1939)


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