Isabel Ferreiro
“La «pasión» es un estado patológico que implica la defectuosidad de un alma. La persona fácil al mecanismo de la obsesión o de estructura muy simple y ruda, convertirá en «pasión», es decir, en manía, todo germen de sentimiento que en ella caiga”.
“En los últimos tiempos se ha otorgado a esta forma inferior del amor un rango y un favor resueltamente indebidos. Hay quien piensa que se ama más y mejor en la medida que se esté cerca del suicidio o del asesinato, de Werther o de Otelo, y se insinúa que toda otra forma de amor es ficticia y «cerebral»”.
Pero “pegarse un tiro o matar no garantizan lo más nimio la calidad ni siquiera la cantidad de un sentimiento”. “El que mata o se mata por amor, lo haría igualmente por cualquier otra cosa: una disputa, una pérdida de fortuna, etcétera”.
“Cuando la pasión es simple hervor, frenesí y calentura, no sirve para nada. Todo el mundo es capaz de apasionarse así“. Sin embargo, no es tan fácil sentir “la auténtica pasión creadora“: ese “fervor recóndito, tan seguro de sí mismo, tan firme en su designio, que no teme (…) buscar el auxilio de las dos cosas más gélidas que hay en el mundo: la clara reflexión y la firme voluntad” y alojarlas dentro de sí.
Así, “Decía Hegel que nada importante se ha hecho nunca en el mundo, si no lo ha hecho la pasión. Pero bien entendido, añade, la pasión… fría. La otra, el fácil apasionamiento, que nos arrebata un momento, no ha servido nunca para nada estimable”.
Y es que “el apasionamiento trivial, falso, impotente y estéril rehúye con terror la proximidad de la reflexión, porque presiente que ésta es fría y a su contacto va a congelarse y caer. Por eso el síntoma de la alta pasión creadora es que busca integrarse, completarse con las virtudes de lo frío, que se da el lujo de tragarse reflexión sin perder calorías, de quedar penetrado y transido su fuego todo de clara visión e infusible voluntad”.
“Tampoco hay entrega verdadera en la «pasión»”. “Así cabe una enorme pasión sin contenido apreciable de amor“. Pues, en el deseo, no hay “entrega de mi ser, sino, al contrario, captura del objeto“: “tiendo a absorber”, “traer a mí, incluir en mí el objeto”. “Desear algo es, en definitiva, tendencia a la posesión de ese algo; donde posesión significa, de una u otra manera”, “que el objeto venga a mí”. “Por esta razón, el deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse”.
“El amor, en cambio, es un eterno insatisfecho” porque “en éste soy yo el absorbido”, soy yo el que va hacia lo amado, el que no se cansa de amar. “Esto indica al lector que mi interpretación del fenómeno amoroso va en sentido opuesto a la falsa mitología que hace de él una fuerza elemental y primitiva que se engendra en los senos oscuros de la animalidad humana y se apodera brutalmente de la persona, sin dejar intervención apreciable a las porciones superiores y más delicadas del alma”.
“Yo creo, inversamente, que urge devolver al vocablo «pasión» su antiguo sentido peyorativo” y, por tanto, “separar amor y deseo“. “El morfinómano desea la droga al propio tiempo que la odia por su nociva acción”. Igualmente, se ve en las relaciones de dependencia llamadas tóxicas: uno recurre al otro para proporcionarse “los navajazos de la pasión y del instinto” a que su neurología es adicta. Por lo que, lejos de lo que se cree con frecuencia, no es “la pasión culminación del afán amoroso, sino al contrario, su degeneración en almas inferiores“.
“Pero hay una forma de la pasión y del entusiasmo ditirámbico que se da el lujo de la continencia y se ciñe a un compás y se impone a sí propio un ritmo y se labra a sí mismo un cauce donde encerrarse. Ésta da el máximum de reverberaciones humanas. Y hasta cabe imaginarse el Dios como un orden apasionado que de los juegos de la pasión saca esta turbulencia tan maravillosamente ordenada que llamamos naturaleza. Miren ustedes cuánta pasión llevan las aguas sensuales del río y miren cuánta hay en el encorvamiento majestuoso de los montes. Sin embargo miren con qué apasionada humildad emanan su energía el río y la montaña dentro de las leyes de la hidrografía y la orografía. Hay una pasión por la ley y es ésta la pasión clásica y divina”.
“Sólo los débiles no necesitan ley: como sólo los míseros riachuelos no necesitan cauce ni torrenteras“. De modo que “sólo es lícita, sólo es humana la pasión por la ley, por la norma: es decir, por la verdad, por el Bien, por la Belleza. Sólo esto merece nuestro entusiasmo pues sólo eso merece que salgamos fuera de nosotros mismos y nos trasplantemos” a “la verdad de las cosas”.
Pero son una minoría los hombres que, “a la hora de la pasión, la ceguera y el torbellino”, tienen “la conciencia serena de los intereses continuos (…) frente a los intereses transitorios”; y cuyo silencio activo pone “algún freno a los frenesíes” anticipando con él sus remordimientos.
“La pasión y el interés, el coraje y aun la buena voluntad, son necesarios, como el motor, para que una política levante su vuelo, pero sólo las ideas pueden darle estabilidad”.
Caben, pues, dos actitudes vitales antagónicas: una —la noble, exigente— cuyo ideal de “existencia es no abandonarse, eludir la orgía, al paso que para la otra —la popular— vivir es entregarse a la emoción invasora y buscar en la pasión, el rito o el alcohol, el frenesí y la inconsciencia“; esto es: abandonarse. De aquí la cita de Goethe que repite Ortega a lo largo de su obra: “Vivir según capricho es de plebeyo; el noble aspira a ordenación y a ley”.
Y es que, en vez de abandonar la pasión a sí misma, puede uno preocuparse por “aprender altas formas de decoro” y anhelar “su propio perfeccionamiento”; cultivar un estilo mesurado que no concibe la grosería ni el “frenesí postremo”. Y, por tanto, no abandonar nunca la pasión a sí misma y proceder “con rigorosa corrección de modales, conteniéndose dentro de los cauces de leyes poéticas, urbanas y hasta gramaticales”.
Y este afán de mejoramiento reflexivo o “arte de no abandonarse, antes bien, de buscar siempre para el gesto y el verbo la norma mejor que debe regularlos”, es lo que va puliendo nuestra vida y nuestro espíritu.
Textos citados: “Lección del quince de diciembre.— [Escuela Superior del Magisterio]” (1909); La deshumanización del arte e ideas sobre la novela (1925); Misión de la universidad (1931); Goethe desde dentro (1932);

Deja una respuesta